Estaba yo haciendo un ejercicio por demás ocioso: veía la sección de empleos del periódico y las empresas y personas que se anuncian pidiendo gente para trabajar piden, diría yo que más bien exigen, una serie de requisitos para acceder siquiera a una entrevista de trabajo. Así por ejemplo, se puede solicitar contador público titulado, o bien, alguien con maestría o doctorado en estadística, para entrar a una plaza en un banco. Aunque la sección de empleos se veía robusta, no encontré muchas solicitudes que dijeran algo como "inútil presentarse sin tener los requisitos". Y bueno, a mí me queda claro que para qué me presento en un posible trabajo de contador si no tengo morsesca idea de lo que hace un profesional de esta rama.Si pasamos a las convocatorias para obtener alguna plaza en la UNAM son incluso más espeluznantes: "Se solicita doctor en física (o equivalente) con especialidad en análisis de interacción de fuerzas débiles nucleares", por ejemplo. Sueldo: ¡14,950 pesos!
A mí me es evidente entonces que es perder el tiempo ir al instituto universitario que pide a ese tipo de profesional porque simplemente no soy especialista en fuerzas débiles nucleares, vaya, difícilmente sé qué es eso.
Pero el punto entonces es cuando entramos al terrenos de los puestos de elección públicos, como por ejemplo, el de Presidente de México. Dicho cargo tiene sus restricciones: la de ser mexicano por nacimiento, con padres también mexicanos (aunque no sé si también ellos tienen que ser mexicanos por nacimiento). No recuerdo si se requiere de una edad mínima (no creo). El punto es que entre los requisitos para la silla de más poder de este país no está el saber economía, o ser administrador de empresas, nada. Cualquiera se puede postular aunque sea un inútil disfuncional. Y ya me dirán algunos que claro, que así está bien, porque todos tenemos derecho en todo caso de querer ser presidente y nominarnos ante los demás si es nuestro gusto y ganas, pues se supone que el total de votantes eligirán al que demuestre más capacidades, asunto que desde luego, no siempre es cierto.
Me llega a la cabeza cuando Ronald Reagan llegó a la presidencia de los EEUU. Sin afán de hacer menos a ese personaje: ¿qué sabe de política, economía, administración el Sr. Reagan? No lo sé pero sus cartas credenciales no hablaban de que sabía precisamente de esos temas. No era necesario.
Y de nuevo, regresémonos al ámbito cotidiano. Miren: si se me descompone el baño y empieza a salirse el agua sólo sé que debo cerrar la llave de paso y llamara un plomero, que arreglará el desperfecto (y cobrará evidentemente por el trabajo hecho). Yo no me meteré a hacerla de plomero, porque ni tengo la herramienta y menos el conocimiento. Lo más sensato es precisamente entonces hacer lo adecuado, que en este caso es llamar a alguien que sí entiende de estos temas.
Pues todos estos ejemplos demuestran que en la vida cotidiana actuamos racionalmente, pero para el caso de puestos de elección popular las cosas cambian. No se ponen restricciones para acceder a algunos puestos públicos y no se interroga a los candidatos sobre lo que entienden de los temas que los que acceden a esos cargos deberían entender. Nada de eso. Y por razones de esta naturaleza tenemos al inefable "Juanito", el delegado de Ixtapalapa ahora, porque ganó las elecciones y de pronto entendió que ese puesto sería una puerta al dinero y al fin de las penurias económicas.
Creo entonces que la democracia es un sistema en la que su base es totalmente defectuosa. Yo no creo que pedir ciertos requisitos hagan antidemocrático un país. Me parece lo más lógico considerando la importancia de ciertos cargos de elección. Pero en política, particularmente la mexica, parece que esto no necesariamente es cierto. ¿o si?
(*) La caricatura de Juanito fue tomada de este sitio.
















